LA VICTORIA de la INDIFERENCIA.

Durante los dos últimos años, desde el Gobierno, desde Ferraz, desde Moncloa, desde la Pza. Sant Jaume, nos han estado bombardeando con una idea madre; El Estatut de Catalunya es un hecho histórico, único, para la nación catalana. El progreso catalán, la capacidad de decisión catalana, la cultura catalana, la economía catalana, la lengua catalana, toda Catalunya, en fin, depende de la aprobación del Estatut. Esos han sido los latiguillos que, en boca de Maragall, Rodríguez, Montilla, Saura, se han repetido machaconamente durante meses y meses, años incluso. Parecía como si toda Catalunya y sus ciudadanos catalanes, no pudiesen respirar ni un segundo sino era bajo la letra y música del Estatut de Saus. Y, detrás de Catalunya, toda España se ha movilizado ante el constante machaqueo de palabras, frases, conductas, acciones, que nos hablaban de la importancia de ese proyecto de ley, y de las bondades de su aprobación. Un hito histórico, sin duda, que arranco por la voluntad del sr. Rodríguez, que prosiguió por la voluntad del sr. Rodríguez, que se afirmó por la voluntad del sr. Rodríguez y que ha acabado con el último trámite por la voluntad del sr. Rodríguez. Un trámite de refrendo popular que, en palabras del sr. Rodríguez, ha sido superado en forma aplastante por una mayoría afirmativa. Una mayoría afirmativa que representa un escaso 37% de todos los catalanes con derecho a voto. Todos los restantes, o bien no han votado afirmativamente, o bien, no han acudido a las urnas. Lo cual es tanto como decir, que el 63% de los ciudadanos catalanes han obviado la importancia histórica de un Estatut para su nació catalana.
Muchas conclusiones se pueden sacar del trámite del domingo pasado, y algunas ya han surgido por boca de los mandamases de los distintos partidos implicados en la liza. Todos están arrimando los datos a su particular conveniencia, sin embargo, ninguno entra de verdad en el fondo de la cuestión, contraria a sus intereses. Comparando la participación y resultado en las ultimas elecciones al Parlamento catalán, el bloque del si ha perdido seis puntos, mientras que el voto del no ha perdido siete puntos. Lo cual es tanto como decir, que unos y otros, P.P. y C.iU., se han ido a la playa o han hecho oídos sordos a tanta propaganda, tanto ataque mediático y a tanta frase histórica. El escaso 49% de participación indica no solamente una obviedad, la falta de respuesta ciudadana al Estatut, así como el fracaso de todas las fuerzas políticas, sean las que sean, sino también que el pretendido carisma del sr. Rodríguez en Catalunya, no ha funcionado. Si uno contemplaba las acciones propagandísticas del sr. Rodríguez emitidas por las televisiones, semejaba que era, cuando menos, un gran dios aclamado por todos los fieles, ascendido al mas alto trono del Parnaso, reluciendo todas sus potencias. Sin embargo, seis puntos ha perdido el voto socialista, y sin embargo, sigue completamente imbuido del espíritu de victoria que su sonrisa bobalicona siempre delata. Empero, nada de todo ello puede ser asumido de forma objetiva.
El Estatut, histórico para Catalunya, salió del Parlamento con un 89% de aceptación, en el Congreso bajó a un 54%, en el Senado descendió hasta un 49%, y al llegar al pueblo catalán recibe un 37% de respaldo popular efectivo. Esa es la victoria de Catalunya que aclamaron la noche del domingo todos los implicados en la casta que en estos momentos gobierna a la Catalunya silente y amorfa. Una Catalunya que, desde la mayoría indiferente, contemplara como un tercio de afirmaciones permite hablar de legitimidad para conducirla hacia un Estado totalitario, autárquico e intervencionista como ya no existe en ningún rincón de Europa. Del “aceptare el Estatuto como venga”¸ al “cueste lo que cueste y sea como sea”, han trascurrido más de dos años, durante los cuales un cúmulo de acontecimientos se han producido. Y si todos pueden ser considerados de trascendencia, casi todos ellos pueden ser calificados como anomalía. Puesto que, cómo cabe calificar a que, un texto sobre el cual existe una duda más que razonable de que rompe con la C. Española, es asumida con la indiferencia de dos tercios de los ciudadanos interesados y afectados por tal norma superior. Si anómala es la conducta de los ciudadanos votantes, ante la importancia del texto a refrendar, anómalo es el resultado de acogerse a la legitimidad de un tercio de votos. Una legitimidad que, aritméticamente, tiene todas las bendiciones, y que, sin embargo, moralmente es un absoluto fiasco para los promotores tanto del voto afirmativo como del negativo.
Y es que, dos de cada tres catalanes, ha dado la espalda tanto a la España plural de Rodríguez, como a la visión iluminada de Maragall, o a la llamada de C .i U. y su sentido patrimonial de lo catalán. Dos de cada tres catalanes, han aceptado que el otro decida por ellos, mostrándose absolutamente indiferentes al futuro que se les ofrecía desde las tribunas mitineras o desde las ondas mediáticas afines al tripartito. La victoria de Catalunya, de la sabiduría popular, se sustenta en uno de cada tres catalanes, en un 33% de votos afirmativos, que darán legitimidad a la casta que se dispone a esconder los escombros de la libertad aplicando los derechos y deberes del ciudadano. Detrás de la cuestión aritmética, puede entenderse existente un hecho más trascendente incluso que la propia demolición de los principios soberanos que los españoles nos dimos en Diciembre de 1978: el marco de convivencia en Catalunya semeja que está roto. Si el Presidente sr. Rodríguez pretendía con el Estatut que Carod y la ERC asumiese un proyecto catalán dentro de la España plural, parece ser que no será así. En estos instantes, menos C. i U., todo está en trance ruptura. Desde el PSC hasta el mismo P. Popular, que ve como su política de perfil bajo y su hombre en Catalunya se tambalean en forma grave. Lo que se avecina, visto el comportamiento de los mossos ante la conducta de Carmelo, padre que desea que su hija pueda estudiar en castellano, nos hace vislumbrar algo más que pura incertidumbre en cuanto a los derechos y libertades ciudadanas. Si el propio President Maragall, unas horas antes, infringe claramente la ley solicitando desde la institución el voto afirmativo al proyecto estrella, poco cabe esperar de los nuevos modos y maneras que se intuyen en quienes no respetan ni el sagrado derecho de elegir la lengua en la cual comunicarse.
Empero, lo que se acerca, a pasos agigantados, no admitirá la respuesta de la indiferencia. El domingo la victoria de Catalunya, no fue tal, sino la victoria de la indiferencia. Una indiferencia que se viene configurando desde hace dos años, merced a la machacona propaganda gubernamental, asistida de tantos medios informativos, como acuerdos inconsecuentes logró el Ministro Rajoy, con el visto bueno del Presidente Aznar. Desde la indiferencia, expresión del cansancio, del amodorramiento ciudadano, iremos penetrando en el avivamiento de pasiones encontradas, emociones anti españolas y crispaciones mediáticas. Una indiferencia que, extendida por toda la nación española, no reclamará sino un aliento nuevo y una lucha nueva. Hará falta que un nuevo guía surja que sea capaz de desperezar a toda una nación, adormecida por el pan y circo gubernamentales. Quizás, con un orden nuevo, más sincero, más espontáneo, más transparente, más sereno, será posible recobrar un ápice de nuestra vivencia como nación, como historia de presente y de futuro. Para ello, resulta necesario un sentimiento previo de orgullo de ser nación, de ser nosotros, que no se remeda simplemente con los goles de Raúl, sino con el grito surgido del alma provocado por la sensación de sentirnos vivos como pueblo. Y ver como una casta de mediocres políticos, polichinelas empresariales y gurus mediáticos han sido capaces de convertir un gran fiasco jurídico, en el desmoronamiento de una nación milenaria, ante el silencio de los corderos y la somnolencia de los consecuentes, no es especialmente alentador. La carrera seguirá, y la meta no es otra sino el llegar a alcanzar el cenit nacionalista, la cima separatista, el everest independentista aderezado todo ello con el contumaz arrinconamiento del detestable P.P. El domingo pasado la anomalía catalana inició su andadura, abriendo camino a la gallega, a la andaluza, a la balear, seguramente. Y tal inicio tuvo su comienzo hace más de dos años, cuando quien sabía que no iba a gobernar, ya se sintió imbuido de todo el karma necesario para prometer aquello que no podía prometer, y que con el paso del tiempo, tuvo que cumplir, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. Lo lamentable es que, los no indiferentes, también pagarán las consecuencias de tamaña incontinencia verbal. Una imprudencia que se cerró el domingo, con el silencio y la indiferencia de dos de cada tres catalanes, que ya empiezan a sentir como el Estatut de 2006, no es sino un instrumento para alcanzar la independencia. Una imprudencia que ha hecho nacer una norma jurídica que, ni con el insulto, ni con la insidia, ni con la maledicencia, ha sido capaz de remover a la población catalana hacia las urnas, dando apoyo con su voto a un texto moldeado con nocturnidad y alevosía. Si el Estatut fue pergeñado de espaldas al pueblo, sin ese clamor popular que lo reclamaba, también ha nacido sin clamor y con espalda popular. El nuevo Estatut será impuesto a una nación que no lo reclamaba, siendo tal imposición una demostración más del talante visceral y sectario de quien lo alumbró una noche de café y cigarrillos. Una noche que, según unos, abre una nueva era para Catalunya, y según otros contempló el gran fracaso de una configuración territorial surgida de una mente roma y defendida por el sr. Rodríguez como la España plural. Un fracaso que viene a resaltar, una vez más, las mentiras y excusas del sr. Presidente, al referirse, en sede parlamentaria, a que un 51% no es suficiente respaldo para dar trámite a una norma con tan escaso apoyo parlamentario como el llamado Plan Ibarretxe. Lo que cambian las cosas y el talante. En aquel 1º de febrero de 2005, era necesario superar el quórum indicado, en cambio un 18 de junio, no alcanzar el 38% era un éxito de la democracia, así como una victoria para Catalunya. Ambas expresiones, en boca del sr. Rodríguez y del sr. Montilla, el pueblo llano, las ha traducido por el fracaso de la aritmética y la victoria de la indiferencia.
Parménides.

parmenides dijo
Aclaracion necesaria: Las imagenes estan cedidas por jalogrup, un mago de la "imagineria virtual".
21 Junio 2006 | 08:02 AM