La Coctelera

Moon

Ser un ignorante es para algunos una opción

14 Mayo 2009

VÁYASE, SEÑOR PRESIDENTE, VÁYASE.


En estos últimos días la frase de moda ha sido la que se refiere a una visión de brotes verdes que, se dice, surgen en el campo de la economía. Como si algo empezase a florecer, a crecer, como presagio de una buena cosecha. Según parece, dicha frasecita se le ocurrió al chistoso Presidente Obama, que sigue en la brecha de su fastuosa popularidad. Y, a fuer de sinceros, se esperaba algo semejante en quién se ha convertido en un fan de las formas y modos del Presidente yanqui, nuestro Presidente R. Zapatero. Sin embargo, debe reconocerse que, lamentablemente, nada similar nos ha brindado en su discurso inicial o en sus intervenciones de réplicas. No ha habido ninguna frase de esas llenas de retórica, de ampulosidad, que haya llamado tanto la atención como para quedar grabada en la mente y pasar a ser titular. A lo sumo, una referencia a ordenadores portátiles y a pizarras electrónicas. Y uno se pregunta si el Presidente de un país debe alardear, en tal tipo de debates, de la decisión de comprar ordenadores para los estudiantes, como si ello pudiese significar la panacea, el bálsamo salvífico de todos los males y de todas las crisis. Pc,s y pizarras, que no se alcanza a comprender cómo ayudarán a encontrar trabajo a los cuatro millones que están sin o cómo evitarán que  otros lo pierdan durante los próximos meses. También ha hablado de reducción de impuestos para las pymes, los trabajadores autónomos, las sociedades, pero se ha olvidado, o quizás no ha tenido tiempo de recordar, que ese impuesto grava los beneficios, y esos, señor Presidente, hace tiempo que desaparecieron. Ahora, en nuestros días, de lo que se trata es de sobrevivir, de no echar el cierre, de no dejar caer la barrera, de no liquidar. No hay beneficios, y sí sigue habiendo muchos gastos. La electricidad, los seguros, los módulos, la Seguridad Social, el alcantarillado, los letreros, el agua, el IBI, los residuos sólidos..., todo eso sigue ahí, cayendo mes a mes en las vacías cajas de la recaudación diaria y, encima, subiendo. Pero, según parece el señor Presidente no sabe que esos pagos existen. Por ello, resulta un tanto ingenuo referirse a un nuevo modelo de crecimiento, a la inversión en nuevas tecnologías, en I+D+i+i, cuando de lo que se trata, se insiste, es de sobrevivir, de llegar a fin de mes, de pagar una hipoteca que cae siempre. Y es que usted, señor Presidente, da la impresión de vivir en otra realidad. Es la filosofía la que le engaña, o acaso es su ignorancia la que le impide ver el bosque, un bosque tenebroso al cual parece condenar, para más inri, a miles de ciudadanos que, con menos de 24.000 euros deberán correr para comprar, o para vender sus viviendas. O quizás es una respuesta efectiva a la petición de los banqueros que desean librarse, vender, los inmuebles que han debido adjudicarse en las ejecuciones hipotecarias. Es cierto que la construcción no puede seguir siendo el único o principal motor de la economía, pero también es cierto que no es posible castigar a toda la clase media al calvario de adquirir una vivienda antes del 2011, obteniendo una desgravación fiscal, o al suplicio de malvender a quién la adquirió como inversión y ahorro. Son millones de españoles los que se hallarán en tal situación a partir de esa Ley de la Economía sostenible anunciada; cientos de miles las empresas de la construcción y sus complementarias las que ven un panorama gris, y millones de trabajadores los que lo ven todavía más negro. Y negro seguirán viéndolo esos 2 millones de autónomos que no se verán afectados benéficamente por ninguna de las medidas anunciadas. Parecen medidas como surgidas de la mente de un iluminado que cree entender y saber de todo, cuando no ha dedicado ni tres tardes a analizar o estudiar el problema. Grave es no haber querido ver la crisis, grave es no haberla previsto, grave es no haberla aliviado, grave es no haberla solucionado, pero más grave es y será haberla empeorado con medidas ilusas de mago inepto. Pues, no resulta comprensible, para una mente de mediana entidad, alcanzar a vislumbrar como se puede cambiar el modelo económico, el tejido productivo, el sistema empresarial, la vida económica y financiera de un país mediante una ley que, encima, se la titula de la economía sostenible. Quiños y más guiños a ecologistas, sindicalistas, titiriteros, para que le sigan manteniendo en el poder, sin demasiado sufrimiento. No, el camino, el rumbo como le llamó el Presidente, no puede ser más gasto público, más intervencionismo, más subsidio, más patrocinio, más impuestos. La superación de la crisis económica y de valores, no pasa por favorecer la compra de vehículos que no se desean comprar, ni por dar un ordenador a cada alumno de quinto de primaria, ni por facilitar pizarras electrónicas, nada de todo ello es sustancial. El problema se soluciona eliminando gasto corriente, funcionarios, asesores, agencias públicas, administraciones duplicadas y triplicadas, incentivamente la competitividad, la inversión privada, favoreciendo la contratación laboral  eliminando costes, reduciendo la presión fiscal del 37% española al 25% de media europea, incentivando el consumo responsable, invirtiendo en educación, en formación profesional como sustrato de buenos profesionales. Y como colofón de todo ello, mimando nuestra agricultura, nuestra industria, nuestro turismo. Y si es posible, generando nuestra propia energía, sin tener necesidad de comprarla fuera de nuestras fronteras con coste adicional que ello representa. Todo ello bajo una Justicia segura, fiable, imparcial, despolitizada, y gratuita. Alejarse de lo anterior, a grandes rasgos, es pura y simplemente fuegos artificiales y juegos florales. Y de eso, el señor Presidente, no cabe ninguna duda que puede dar lecciones.

Váyase, señor Presidente, váyase, y deje ya de adornarse con discursos populistas y populacheros, de nula entidad y eficacia, más propias de casas rosadas argentinas que de caserones madrileños. España no se hunde, ya está hundida, mal que usted y todos los suyos no quieran verlo. Por ahí se dice que un pueblo educado, formado, ilustrado, elige a políticos capaces, honestos y sinceros. Que cada lector saque sus conclusiones.

Anónimo Veneciano

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Dios decidió que el SOL iluminaría el día y que la LUNA iluminaría la noche -Hacer las cosas por amor, ser tu mismo, no surrender

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