HUELGA DE JUECES

Esta es la segunda huelga que debe sufrir el gobierno socialista, desde que llegó al poder. Un huelga protagonizada, como la de febrero, por algunos miembros de lo que se viene llamando Poder Judicial, cuando en el fondo no es sino un servicio público más. Según parece el Plan de Modernización de la Justicia presentado por R. Zapatero y aprobado por unanimidad en el Congreso y en el Senado no es del agrado de los órganos judiciales. Si por un lado las reclamaciones que plantean en la huelga van desde la reelaboración de los procedimientos judiciales (con una Ley de Enjuiciamiento Civil que no tiene ni diez años de vigencia, en contra de los caso dos siglos de la anterior), hasta un modelo retributivo que contemple la responsabilidad de la función, por el otro, se oye el lamento de pretender ampliar las funcionalización de la Administración de Justicia, incluso estableciendo una nueva distribución de la planta judicial. Entrar en la disección de la actual Administración judicial es tanto como clamar al cielo por la consideración de funcionario público que está consintiendo el propio juez o magistrado. La dispersión de competencias autonómicas, la elección de Magistrados por los parlamentos autonómicos, la distribución territorial de cargos, la fijación presupuestaria autonómica, junto con las serias dudas que plantean determinadas decisiones y actuaciones judiciales, están segando la yerba bajo los pies del caballo que debiera soportar el principal poder en todo Estado de Derecho, el Poder Judicial. Este es el único y verdadero valedor de los derechos y deberes de los ciudadanos, el único y verdadero tutor de la igualdad de los ciudadanos ante la Ley, y el único y exclusivo sancionador de las vulneraciones de l Ley por parte del ciudadano, sus instituciones y sus organismos. Si ello no sucede, si encima existen dudas más que razonables en sus comportamientos, es ya dado hablar de que la Justicia es un servicio público como cualquier otro, la sanidad o la educación públicas, por ejemplo. En palabras del magistrado Requero, la politización ha llevado al sistema a que al final le ordenen la agenda al Juez y le digan que es lo que tiene que hacer. Tal politización consentida llega hasta el extremo de utilizar medios y formas más propias de un sindicato cualquiera, y no de un estamento cual la magistratura. El canto a la libertad e independencia no se lee entre las reclamaciones que provocan la huelga, ni tan siquiera un lamento por las insidias políticas que deben soportar y soportan determinados estamentos judiciales. Es francamente llamativo que una resolución acerca del Estatut catalán lleve cinco años trabajándose, cuando el C. G. P. Judicial lo revisó e informé en veinte días. El sustrato que hay detrás de tanto retraso no es sino la pura y directa conveniencia del poder ejecutivo, del gobierno socialista, que desea un Estatut a la imagen y semejanza del partido socialista catalán. Así de simple y así de grave. Tan grave como las llamadas a la insumisión cívica o tributaria de determinados políticos catalanes, de todos los signos, con el silencio de los populares, que vienen presionando en forma más propia de regímenes totalitarios que de Estados democráticos. Mientras tanto, las puñetas de SS. SSª. permanecerán colgadas en sus perchas en la mayoría de juzgados y tribunales de España, el Presidente R. Zapatero volverá a referirse a la deuda con nuestros soldados fallecidos, la Ministra Chacón aludirá a la paz y la democracia como meta de nuestra presencia en Afganistán, Moratinos saldrá de su ostracismo reclamando que el P. Popular dé apoyo al gobierno. Y mañana, todo seguirá igual. Es decir, galopando hacia el desastre como país, como nación, como Estado. Y lo que es peor, con el consentimiento de una demasiado elevada mayoría de conciudadanos que prefieren seguir con “uno de gambas” que levantarse una mañana siendo o intentando ser ciudadanos de primera. Aunque, de vez en vez, se oye una voz que canta alguna verdad, como la de la madre del cabo fallecido en la pacifica guerra en Afganistán: “Los soldados van vendidos”, Pero, de eso el gobierno, mañana, ni se acuerda.
Anónimo Veneciano
