DE TURISMO POR ORIENTE PROXIMO

Mientras el líder bolivariano Chávez se dedica a apropiarse de hoteles como el Hilton de isla Margarita, nuestro máximo representante del nuevo socialismo del siglo XXI, yendo de hotel en hotel, ocupa su tiempo adjudicando vitolas a unos y negándolas a otros. R. Zapatero, después pasarse cinco años quieto en la Moncloa, ha tomado la decisión de recorrerse medio mundo en cuatro días, hablando en Siria de la paz, en Israel de la paz, en Jordania de la paz, y en el Líbano de la paz. Es como si, saliendo de la Casa Blanca, el presiente afroamericano le hubiese dado el marchamo de la paloma blanca, con el olivo en el pico. Y él, ufano y solemne como nunca, está empeñado en cumplir el encargo e ir más allá, si fuese preciso. Por ello no le duelen prendas, ni le cae la cara de vergüenza en la mezquita de los Omeya y suelta su discursito al imán de turno acerca de la convivencia, de la tolerancia, de la paz, del respeto a las religiones, mientras los islamistas hacen estallar bombas en Pakistán, mientras los cristianos son maltratados en los territorios islámicos. Para nuestra pacífica paloma, todo lo que sea menospreciar al cristianismo, ensalzando a moros, judíos y troyanos, le va como anillo al dedo. Evidentemente, es tal su grado de insensatez que llega a acusar a los demás, en especial al jefe militar de su abuelo, de antisemitismo. Para R. Zapatero, el antisemitismo es cosa del pasado. En otras palabras, que una vez más ha demostrado que ese cargo le viene tan grande como sus camisas. O más. Anti Defamation League, una organización americana fundada en 1913 para denunciar y perseguir el antisemitismo, hizo entrega el lunes pasado al ministro edecán de R. Zapatero, o sea, Moratinos, de un informe en el cual se detalla que el antisemitismo es una tendencia cada vez más fuertemente arraigada en España. En tal informe se detallan ejemplos que van desde viñetas en periódicos, hasta comentarios como el del petulante sarasa Gala en su Tronera. Manifestaciones a favor de Hamas y Hezbolá, no son sino ataques directos al pueblo y la nación judía. Un informe demoledor, que el presidente R. Zapatero no habrá leído, seguramente porque está en inglés, y ese es un idioma que no domina en absoluto. Pero, como de lo que se trata cuando una hace turismo político es de expresar aquello que el interlocutor de turno quiere oír, no solamente erró, sin hache remarco, en su comentario anterior, sino que también lo hizo con la acusación al franquismo. «Israel Singer, Presidente del Congreso Mundial Judío: La España de Franco fue un refugio importante de judíos que se arriesgaron a venir, escapando de la Francia de la libertad, la fraternidad y la igualdad. No quiero defender a Franco, pero en la II Guerra Mundial muchos judíos se salvaron en España e ignorarlo es ignorar la historia».
(Entrevista en “El Mundo”, el 17 de diciembre de 2005). Una referencia que podía completarse con muchas otras como la de actual Defensor del Pueblo, Mugica, destacado socialista: «Aquel régimen, tan criticable en otros aspectos, acogió a los judíos que llegaron, bien para asentarse en España, bien para continuar viaje con la ayuda del servicio diplomático». O sea, que una vez más la ignorancia, cuando no la mala fe de R. Zapatero ha salido otra vez a la luz. Y es que, este hombre no puede salir de sus solemnidades, de sus liturgias, de sus guiones prefabricados, puesto que, de hacerlo cae en el mayor de los ridículos. A ello está condenado no por iletrado, no por desinformado, no por analfabeto, no por ignorante, que sí, que también, sino mayor y principalmente por creerse que el Dios, del cual niega su existencia, le toco con su dedo divino y le trasmitió en solemnísimo encargo de cambiar el orbe terráqueo, empezando por la nación que le vio nacer, para desgracia de sus contemporáneos. Estoy convencido que, dentro de equis años, si sigue existiendo España, los estudiantes de psicología, de psiquiatría, de sociología tendrá como materia de estudio los años de detentación de gobierno comparándolos con los previos a la caída del imperio romano. La duda está en adivinar donde hallarán la causa, si en la estulticia del gobernante, o en la desidia del gobernado. Seguramente, en ambas.
Anónimo Veneciano
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ruedademolino dijo
Amén.
19 Octubre 2009 | 12:46 PM