La Coctelera

LOS INCORRUPTIBLES

Ser un ignorante es para algunos una opción

6 Noviembre 2009

SENSIBILIDADES HERIDAS


El docente se llama Pedro Alejandro Lava Socorro, es profesor de Derecho Romano en la Universidad Santa María y se atrevió en plena clase a poner de manifiesto que los romanos odiaban a los griegos por ser éstos homosexuales; y se atrevió a añadir que la homosexualidad es una enfermedad psicológica; y se atrevió a decir que el ano solamente sirve para defecar. Evidentemente, al profesor Lava le ha caído encima todo el lodo del volcán Yagrumito vertido por los colectivos de gays, lesbianas, transexuales, hermafroditas y demás subgéneros sexuales. El profesor Lava se ha atrevido a expresar sus pensamientos en relación a la homosexualidad y el derecho natural, y por tal motivo, no solamente ha recibido las toneladas de lodo sino también el anuncio del cese en su actividad docente. La sensibilidad extremadamente impresionable de los gays y demás ha actuado al unísono logrando que, una vez más, la libertad de cátedra, o de expresión, tenga por límite la sensiblería herida de los miembros de tales colectivos. Y si tal hecho ha sucedido en Venezuela, es por pura casualidad, puesto que, de sensibilidades está el mundo lleno. En Italia, los crucifijos en las escuelas públicas también están hiriendo la sensibilidad de unos padres que, en este caso, se declaran laicos y que no desean que sus hijos, estudiantes, se vean contaminados con símbolos de carácter religioso, como el crucifijo. En esa batalla han empeñado más de cinco años, hasta que, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, en contra de más de cinco sentencia de juzgados y tribunales italianos, ha sentenciado que tal hecho, el crucifijo colgado en la pared, hiere la sensibilidad laica de tales padres, y por lo tanto debe ser retirado de las paredes de las escuelas públicas. Porque los padres son laicos, dicen, cuando todos somos laicos, menos los que tienen órdenes sagradas, sean curas, monjas, frailes, etc. Con tal decisión, el TDH ha sentenciado que es suficiente que una sola persona se sienta ofendida o manipulada para que todos los restantes seres humanos, italianos en el caso que comentamos, deban respetar ese sentimiento y no puedan hacer valer los propios. Se evidencia, una vez más, que Europa está dejando de ser ella misma, la de los cruceros en las carreteras, la de las iglesias románicas, la de las catedrales góticas, la de Miguel Angel, la de Calvino, la de Benito, la de Lutero, la de Tomás, para devenir en un encefalograma histórico no solamente plano, sino también incoloro, insípido y laico, por descontado. La laicidad, esta es la palabra, es la nueva religión que se impulsa desde los gobiernos socialistas, desde los tribunales agnósticos, desde las tribunas, colectivos y grupúsculos masones. Y tal palabra, masones, debe expresarse con la misma vehemencia con la cual aquellos colectivos expresan homofobia, erróneamente interpretada, pero eso no es materia ahora. Arrinconar la religión, el crucifijo a los hogares, al orden privado, es pretender vivir de espaldas a la realidad histórica de una Europa cuyas raíces son entera y profundamente cristianas, aunque al francmasón Giscard d,Estaign no le haya gustado nunca. Pero, tal hecho no está siendo obstáculo para seguir con su estrategia haciendo uso de la supuesta sensibilidad herida de unos padres que, no consintiendo el crucifijo, si dejan de lado que su hijo se llama Paolo, como San Pablo, que su vecino se llama Giuseppe, como San José, que su prima se llama María como la Virgen María, o que viven en vía Petrina, por San Pedro. En otras palabras, están completamente rodeados, por el hecho de ser europeos, italianos para más inri, de cientos, de miles, de millones de detalles que deben herir su sensibilidad laica o atea o laicista. Por lo tanto, esos detalles también debieran merecer la atención de ese Tribunal, con la consecuente resolución ordenando al Gobierno italiano no solamente la retirada, sino también el cambio y sustitución de nombres y apodos. A fin de cuentas, San Francisco es conocido como el de Asís, y ello, seguramente, ofende a miles de laicos, laicistas, agnósticos, masones. Habrá que ir pensando en cambiar no solamente el nombre a la bella población de la Peruggia, sino el del mismo Francisco ya que es ofensivo y conculcador de derechos humanos. En modo alguno, sin embargo, lo es el musical que se presenta en Glasgow, titulado “Jesús, reina de los cielos”, en el cual Jesucristo es representado como un transexual que desea ser mujer. Tal hecho ni es ofensivo ni es detestable ni es denunciable ni es reconocible como derecho humano. No, en tal caso, la libertad de expresión está por encima de tales sensiblerías de beatas y beatos. Estos deben soportar, sin queja alguna, que se mofen de su Dios, que escarnezcan su vida y pasión, que se mofen de su doctrina, que menosprecien sus creencias. Lo contrario, quejarse, denunciarlo, simplemente criticarlo obtiene como respuesta el calificativo de intolerante, fundamentalista, fanático. Términos que a buen seguro no serían utilizados si quienes gritasen y se manifestasen fuesen musulmanes en caso de que la figura representada como aspirante a transexual fuese el profeta Mahoma, o su yernoAli. Así están sucediendo los hechos en esta Europa, que ha hecho de la tolerancia de la mediocridad una ley suprema y que ha sustituido el óbolo para construir catedrales como la de Chartres en impuesto para que el Concejo municipal de Glasgow subvencione un musical que no es sino la parodia y la afrenta de unas creencias que le dieron su histórica razón de ser. Sigamos quitando crucifijos, sigamos acallando opiniones, sigamos denigrando creencias, sigamos construyendo estadios en lugar de catedrales, sigamos aceptando lo anticristiano, lo musulmán, lo oriental, y pronto en las paredes de nuestras escuelas campeará en lugar del crucifijo la media luna. Y si no…, al tiempo. Al menos en tales horas, los masones deberán esconderse en las catacumbas, cristianas, naturalmente. Y seguramente no será por simple sensibilidad.

Anónimo Veneciano

 

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-No creo en los fantasmas, ni en los fantásticos, ni en los fanáticos, ni en las hadas madrinas. Detrás de todos ellos hay siempre un aguijón envenenado. -Los rojos que apostaron por Stalin lo hicieron por un asesino y los fachas que lo hicieron por Hitler, también. -Hay una crisis global, pero el caos, la destrucción de trabajo -El doble que la media de la UE-, es causa directa e imputable a nuestros gobernantes. Y se debe en gran parte a los desmadres políticos y económicos que están generando y que pagamos injustamente los ciudadanos. -Hacer las cosas por amor, ser tu mismo, no surrender

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