La Coctelera

LOS INCORRUPTIBLES

Ser un ignorante es para algunos una opción

10 Noviembre 2009

DETRÁS DEL MURO


"¡Dios ha vencido en el Este! Varsovia, Berlín Praga, Sofía y Bucarest se han convertido en las etapas de una larga peregrinación hacia la libertad", 21 de febrero de 1990, Juan Pablo II. Ayer, veinte años después, medio centenar de altos dirigentes se reunieron en Berlín para conmemorar la caída de su muro. Acabados los actos la televisión alemana, una de tantas, entrevistó a Plácido Domingo, y le preguntó sobre sus sensaciones y opiniones. Fue la voz española, en el arte y en la opinión. A ningún otro español se le preguntó, empero haber sido España uno de los primeros países en reconocer la unificación alemana, sin las dudas e incertidumbres ni de la Francia de Mitterrand ni de la Inglaterra de Thatcher. Y cabe preguntarse si realmente a alguien le interesa lo que piensa y opina España y sus políticos de un hecho tan trascendente como la caída no del muro sino de todo el edificio levantado en octubre de 1917. Quizás resulte difícil esperar un destello de profundidad histórica y realidad palpable en nuestro representante oficial en los actos de ayer. Quizás todo lo que tenía que decir ya lo había dicho en Varsovia, parafraseando muro, dictadura y democracia en el país que soportó años de dictadura nacionalsocialista y represión comunista. El hombre que dirige los destinos de nuestra nación parece hallarse auto imbuido de un don especial que surge tan a menudo como se planta ante un micrófono. Hablar de represión en Varsovia en ese tono grandilocuente y fatuo, es desconocer absolutamente el calvario que, siglo sí siglo también, ha tenido que soportar el pueblo polaco con un territorio entremetido entre dos imperios, el ruso y el prusiano, con la compañía constante de los cosacos. Es el don de la oportunidad geográfica lo que no parece adornar a nuestro presidente. Como también es el don de la amnesia voluntaria la que adereza la mente histórica del personaje. Hablar de la dictadura franquista, para compararla con la dictadura bolchevique sin mencionarla es una perogrullada propia de persona malévola, malintencionada. Dejar de lado las purgas de Lenin, con el asesinato de Trosky a la cabeza, obviar las razzias de Stalin, el Gulag siberiano, la KGB soviética, la Stasi polaca, la secreta búlgara o los tanques de Brevnez acabando con la primavera de Praga es propio de personas que se consideran capaces de tergiversar la historia a su comodidad y conveniencia. Son ya demasiados los comentaristas que aluden a que el muro de Berlín no fue levantado para impedir la entrada, sino para imposibilitar la salida. La salida de ciudadanos alemanes que contemplaban como la maldición capitalista permitía vivir a sus compatriotas del otro lado, mientras que los planes quinquenales les conducían hacia la miseria. Este era el mundo que sobrevivía detrás del muro. Esos olvidos, sin embargo, tienen sus raíces y sus motivos. Hoy, mañana, durante los próximos meses el hombre que maneja la historia a su exclusivo interés deberá continuar pactando leyes, presupuestos y decretos con los anacrónicos descendientes de la teoría y doctrina marxista. La IU de Cayo Lara, el comunismo revolucionario de Centella, el nacionalismo izquierdista y republicano, el nacional marxismo gallego están ahí, en los escaños del Congreso, dispuestos a trocar voto por prebenda, por partida presupuestaria, por foto en la escalera de Moncloa. Y de ello no se olvida el hombre de la amnesia histórica, puesto que, de hacerlo, de conocer la verdad y expresarla, correría el riesgo de ver enfadados a unos hombres y mujeres que como aquellos tres monos, ni oyen, ni ven, ni conversan sobre el peor de los regímenes políticos que ha conocido el ser humano en toda su historia; el marxismo. Y de ello, de su realidad, de su trasfondo, un polaco tenía pleno y pleno conocimiento. Por ello, a los pocos meses de ser elegido para su espiritual misión tomó sobre sus espaldas el cabal empeño de hacer llegar a sus compatriotas el orgullo de su nación y la fuerza de su religión. Nación y religión, audacia y esfuerzo, dieron como resultado una Polonia en libertad, dueña de su propio destino. Las piezas del dominó cayeron, y aquel telón de acero detrás del cual ni libertad, ni derecho, ni democracia corrían, se fundió como mantequilla. No hubo gran estruendo, pero sí fue posible escuchar el susurro de alegría de millones y millones de hombres y mujeres que desde sus fosas canturreaban el Himno a la Alegría. Aunque, naturalmente, todo eso le queda tan lejos a ese hombre de mirada torva y gesto altanero, que no puede por menos que ir por esos mundos confundiendo el rábano con las hojas, la verdad con el deseo. Lo lamentable es que, cuando habla, más allá de nuestros Pirineos, los otros europeos ven y escuchan al representante del pueblo entero.

Anónimo Veneciano

 

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-No creo en los fantasmas, ni en los fantásticos, ni en los fanáticos, ni en las hadas madrinas. Detrás de todos ellos hay siempre un aguijón envenenado. -Los rojos que apostaron por Stalin lo hicieron por un asesino y los fachas que lo hicieron por Hitler, también. -Hay una crisis global, pero el caos, la destrucción de trabajo -El doble que la media de la UE-, es causa directa e imputable a nuestros gobernantes. Y se debe en gran parte a los desmadres políticos y económicos que están generando y que pagamos injustamente los ciudadanos. -Hacer las cosas por amor, ser tu mismo, no surrender

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