ENGENDROS CONCEBIDOS.

Cuatro manos, dos cabezas, obviamente el niño nacido en Egipto, no logró sobrevivir. La cuestión está en saber si tal alumbramiento fallido puede ser un buen símil respecto a otro alumbramiento surgido de la mente febril de un hombre, con la complacencia de otro progenitor. Ambos, enfebrecidos por el tabaco y la cafeína dieron a luz un documento, prolijo y extenso cual Capital, que recibió el refrendo de una Cámara Autonómica, unas Cortes Generales, y la confirmación del escaso 30% de la población supuestamente afectada. Un documento que, desde hace tres años, circula por los pasillos del más alto tribunal de este Estado, paladín, se supone, del fiel cumplimiento de la Mayor Regla de juego que nos hemos dados los ciudadanos. Así las cosas, trascurridos los años sin que el Alto Tribunal tome ninguna decisión, las fuerzas vivas han tomado la senda de reclamarle una resolución que cierre definitivamente la cuestión. Ahora bien, no se trata de una petición normal, corriente, semejante a miles y miles de otras que solicitan que se diluciden las contiendas según ley, en absoluto, se trata de una solicitud, un requerimiento no solo de que salga la resolución, sino de que ésta sea la que a los peticionarios les gusta y alaban. Con al aditamento de que, de no gustarles, de no corresponderse con sus deseos, de ninguna manera la podrán aceptar, respetar y cumplir. Es decir, que mientras una cabeza de progenitor, dice que la resolución será “grande” la otra cabeza progenitora dice que o es como ellos desean o se rompe la baraja. A partir de tal afirmación, verbal y escrita, cabe preguntarse si ese Alto Tribunal está en sus cabales primero no dejando clara su posición frente a la exigencia, y segundo, entrando de lleno en el fondo jurídico, no político, y dictando la sentencia esperada en justicia. Sin embargo, y por lo engendrado y por lo anunciado por los progenitores, no parece que vayan por ahí ni los tiros ni los bizcochos. El engendro que significa el Estatuto catalán o para Cataluña, fruto de la improvisación y del ansia de poder, de la necesidad de victoria electoral, de la estulticia política, del manido victimismo, está atascado en el T. C., pero sigue su desarrollo en el Parlamento catalán. Tres años de desarrollo, de promulgación de leyes a su amparo, de dictado de decretos y de políticas siguiendo su letra, no se solucionan con ninguna sentencia, ni a favor, ni en contra. El prestigio del T. C. está por los suelos, sus decisiones son rechazadas incluso antes de que vean la luz, sus magistrados, ensoberbecidos por sus puñetas especialísimas, se desentienden de todo mirándose únicamente a su ombligo institucional. El Presidente Montilla acude a Madrid a desayunarse a todo aquel que no acepte que Cataluña es una nación, a la cual España debe tratar de igual a igual. Dos cabezas idénticas de dos cuerpos diferentes, en este caso. Este simple hecho, discutido por activa y por pasiva, según se trate en la resolución, ya fijará la “grandeza” de la misma. Mientras tanto, con dignidad o sin ella, uno se pregunta si quedará alguien al cual adjudicar un mínimo de dignidad y de prestigio cuando el feto sea abortado y se sepa si tiene o no dos cabezas. Lo que sí es seguro que, cual el monstruo egipcio, un Estado con dos cabezas está condenado a la desaparición en más o menos tiempo. Sin ninguna clase de dudas. La pregunta que flota en el ambiente es si la ciudadanía hará responsable a alguien de la felonía que ello representará. La verdad es que, con la temperatura patria que respira el pueblo, caben tener muchas, pero muchas dudas.
Anónimo veneciano
